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CAMBIE MI VIDA, POR UN PEDAZO DE CARNE.Por: José Luis Villanueva

 

Para poder platicarte como fue mi cambio de vida y la diferencia entre el antes y el después de ese “pedazo de carne” que me cambió la vida, te platico la historia previa, mi pasado.  He tenido la suerte de tener una madre que me repitió miles de veces: “Haz todo lo que quieras, haz todo lo que puedas”, luego terminaba diciendo: “Si vas a hacer algo, hazlo bien hasta que seas el mejor, aunque seas barrendero, si eso te gusta, sé el mejor barrendero”.  Muchos de cuarenta para arriba, podrán entender la forma en la que nos educaron en el pasado, mucho de la presión que había para hacer o dejar de hacer cosas y también las consecuencias de ello.  La mezcla del “haz lo que quieras” y mi gusto personal por hacer cosas alocadas me llevó a tener un estilo de vida que me llevó en algunas ocasiones al límite, con algunos extremos y quizá excesos.  Disfrutaba de sobremanera hacer cosas donde en mi mente había la claridad del riesgo de vida, pero, en mi cuerpo, la adrenalina me empujaba para continuar con esa locura.

 

Mis años de adolescente descarriado, mi juventud libertaria y mis ansias de comerme al mundo, fueron las piezas del rompecabezas de mi vida.  No sé en qué momento mi intensidad por la vida creció.  Mi infancia fue sumamente divertida, no tuvo atisbos de extremos, por el contrario, fui un niño juguetón, divertido, amiguero y alineado a la educación en casa.

 

Habiendo crecido un poco más, ya en mi etapa laboral, esos extremos y excesos en mi vida, la necesidad de adrenalina y riesgo no mermaron, por el contrario.  Fue gracias a la generación de ingresos por el trabajo que se me abrieron otro panorama de oportunidades y actividades de riesgo que antes no pude realizar por la falta de recursos económicos, que realmente nunca fue una limitante en todo sentido, sino más bien, solo posponer algunos planes.  Mis periodos vacacionales e incluso los fines de semana fueron los espacios propicios para aventurarme en nuevas emociones, lugares insospechados y compañías pasajeras que sabía que cumplirían su propósito del momento.

 

Realicé deportes extremos, me traté de escapar del mundo sin avisar que haría, en donde estaría o en qué momento regresaría a mi vida rutinaria.  Ni los amigos, ni mi pareja en su momento, pudieron modificar un poco este comportamiento que me llenó de felicidad durante tantos años.



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