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QUÉ HACER CUANDO NO LLEGAS A TU DESTINO

¿Qué hacer cuando no llegas a tu destino?


Si contemplamos que, cuando planeamos un viaje, una aventura, una carrera o simplemente nuestro día a día, consideramos que, de donde estamos, llegaremos a ese lugar, punto o sitio que estamos considerando.   Partiendo de esa premisa, puede ser que, de manera inconsciente, hagamos planes que nos llevarán a tomar acciones y decisiones para que nuestros pasos nos lleven de un punto a otro.  Si se dice que, la distancia más cercana entre dos puntos es una línea recta, somos claros que en la vida las líneas rectas están trazadas a mano, por lo que el camino no es muy recto que digamos.


Cuando estamos en búsqueda de una meta, normalmente vamos actuando y nos dejamos ir sobre la carretera, abiertos a los inconvenientes que el camino nos pueda presentar, seguros que los podremos atender pues no somos tan catastróficos como para creer que no tendremos la posibilidad de salir avante.   Estando ya en el proceso, viviendo una aventura, estudiando una carrera, dentro de una relación amorosa o siendo padres, los imponderables se empiezan a presentar y vamos reaccionando como un mosquito ante el matamoscas, lo vemos venir y nos retiramos para evitar que el vuelo termine dejando la pared manchada por nuestra sangre.  Siendo así la ruta, turbulenta, que dista mucho de ser una línea recta, ¿qué pasa con el objetivo y la meta?


Los caminos que trazamos y la manera que “planeamos” algunas cosas en nuestra vida, vienen con poca planeación.  Recorremos la vida dejándonos llevar por el viento de cambio y, en muchas ocasiones, culpamos al entorno y/o a otros por nuestros infortunios.  También nos sucede que nos permitimos ser objeto de las circunstancias, nos enfocamos en lo que otros tienen, lo que algunos hacen, lo que otros dicen y, al final del día, cerramos los ojos insatisfechos por lo que nosotros hicimos o no hicimos en nuestra vida.  Estamos viviendo una época maravillosa, donde tenemos la mayor cantidad de información disponible al alcance de nuestra mano.  De la misma manera, tenemos la posibilidad de abrir nuestras posibilidades y opciones a límites no conocidos por nuestros padres y abuelos.  Como dijo Katya Echazarreta, nuestra astronauta mexicana, “¿Cómo va a ser el límite el cielo si en el transbordador lo cruzamos en 5 minutos?


Para poder saber qué hacer cuando no llegamos a nuestro destino, considero importante conocer que hacemos en el camino.  Supongamos que voy a subir el Pico de Orizaba, me he preparado por algunos cuantos meses e inicio la caminata en una madrugada fría y muy obscura.  Pasarán quizá 5 o 6 horas antes de que la luz del sol colabore en la iluminación del camino.  Mientras sale el sol, el camino será iluminado por nuestras lámparas en la cabeza y estará muy limitada a nuestro propio camino, a los pies de quienes van delante de nosotros y quizá un perímetro no mucho mayor a 2 o 3 metros a nuestro alrededor.  Habiendo amanecido, con la luz del día, el camino es mucho más amplio, no el sendero, sino todo aquello que podemos ver a nuestro alrededor.  ¿Qué crees que vas a recordar cuando regreses de la cima, el camino pequeño y obscuro o los paisajes amplios que te rodeaban en el ascenso?  Por experiencia te puedo decir que recordamos el panorama amplio e iluminado, ese que es más bello, interesante y hasta divertido.


Si lo que hacemos hoy día, no le estamos dedicando la atención oportuna y adecuada, quizá cuando lleguemos a la cima, si es que llegamos, no podremos valorar ese camino.   Antes de seguir, quiero aclarar que: “Llegar a la cima”, lo utilizo como referencia de la meta u objetivo.  “Llegar a la cima” lo podemos utilizar para: concluir la carrera profesional, ascender en el organigrama de la empresa, tener un hijo, cambiar de casa, volverte millonario, adoptar una mascota, tomar vacaciones, comprar un carro, cortar con tu novia, iniciar un proyecto etc.  Habiendo aclarado lo anterior, me parece indispensable que nos demos la oportunidad de observar nuestra propia vida, ¿estás haciendo lo que quieres, con quien quieres y en el lugar que te interesa?  Preguntas como las anteriores podemos desarrollar muchas más para averiguar nuestro estado actual.  Si hoy nos tomamos una selfie, donde podamos ver parte de nuestra vida actual, ¿te agradaría ver y mantener esa selfie?  Si pudiéramos comparar esta foto actual con una que nos hayamos tomado 5 años antes, ¿cambiaría mucho la imagen?  Considerando le premisa de que todos cambiamos al paso del tiempo, en la comparación que menciono en renglones anteriores, ¿te gustan los cambios que se pueden ver en las imágenes del antes y el ahora?


Todavía me sorprende ver los datos duros de la cantidad de empleados que no están satisfechos con lo que hacen o donde trabajan.  Si eso lo llevamos a la vida personal, el dato puede ser tanto o más doloroso que el laboral.  El carnaval de la vida que tanto nos cantó Doña Celia Cruz, aunado a la tecnología que nos absorbe, el tiempo que parece que no nos alcanza, las múltiples responsabilidades y problemas que ahora tenemos, muy distintos a los que tenían nuestros antepasados, hemos permitido que nos mantengan en un volantín sin fin.  Hace 100 años, nuestros abuelos podían darse el lujo de tener su propia casa, varios hijos, un trabajo decente que no los requería más de 8 horas en la empresa.  En esos años, la familia completa iba de vacaciones, compartían las 3 comidas al día y el ocio era el momento oportuno para tomar una cerveza en la entrada de la casa.  Los chismes eran de boca en boca y lo más lejos que podía llegar el alcance de la mala vibra, era la colonia de junto o la familia política.  Hoy día, entre tráfico, trabajo y horas extras, los empleados disponen de un promedio de 14.5 horas al día para trabajar entre semana, los sábados solo 8.5 horas y los domingos, que te digo, se aprovecha en medida de las posibilidades.  Los chismes actuales, vienen de otras ciudades, de otros países y nuestra preocupación por personas que nunca hemos visto en persona, ahora hasta el sueño nos pueden quitar.  ¿Te das cuenta qué nuestra competencia, debido a la información actual, es mucho mayor que la que había años atrás?


Me parece que nuestra condición de vida actual es favorable para muchos, no para todos.  Lo que beneficia a unos y no a otros, es la manera en la que administremos la información, partiendo de la exploración de lo que escuchamos, leemos o vemos y de ahí, las decisiones que tomamos con base en esa misma averiguación.  Si la pregunta inicial fue: “¿Qué hacer cuando no llegas a tu destino?, creo que el destino que cada uno de nosotros busca, están tan cercano o lejano como lo consideremos.  Sabiendo que todos los días estamos recorriendo varios caminos hacia distintos objetivos o metas, sería recomendable sentir cada paso, como una distancia que nos separa del punto actual y nos acerca a donde queremos llegar.  En caso de no poder alcanzar un destino planeado, por pura conveniencia, es preferible haber disfrutado el camino, que solo lamentarnos por no llegar a donde queríamos y, al mismo tiempo, no haber podido sacar provecho y regocijado de lo que vivimos.


Podemos vivir nuestro presente con el dolor del pasado, aunque lo que eso evoca es mantener nuestra mente y energía en el minuto o día que ya paso, dejando de saborear lo dulce y amargo que hoy tenemos en un abrazo, un beso, una caída o un problema.  ¿Qué hago yo cuando no llego a mi destino?  Muchas cosas y otras tantas que quizá ni tiempo me den, pero soy claro en que vivo el momento al máximo posible.  Si es doloroso, lloro y me permito tristeza en mi vida, si el resultado es distinto, busco el provecho que eso puede dar a mi vida.  Si no estoy donde creí que estaría, volteo a ver qué fue lo que el camino me enseñó y luego, seguramente, como busco hacerlo cada vez, tomo una gran bocanada de aire y rio por la experiencia adquirida.  Perdí una carrera profesional con un plan de vida que ya había trasado.  Perdí un amor que creí sería para toda mi vida.  No estoy en donde creí que estaría a mi edad.  Me alejé de quienes supuse que siempre estarían a mi lado.  Con estos y otros muchos tragos amargos en mi vida, he aprendido a que hoy, y seguro mañana, sonreiré por lo maravilloso de estar vivo, de todavía poderme sorprender de la vida y, más que todo, porque estoy en el mejor lugar donde podría estar, vivo y feliz.


Y tú, ¿qué hacer cuando no llegas a tu destino?  ¿Qué harás diferente a partir de hoy sabiendo que seguirás sin llegar a muchos de los destinos, metas u objetivos que te has planteado?  ¿Qué harás para poder ser feliz?

 Que hacemos o que hacer?



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1 Comment


Ana Ulehla
Ana Ulehla
hace 7 días

Saludos desde la Rioja Argentina

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